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domingo, 2 de marzo de 2014

LA CLAVE DEL SILENCIO



©Javier Pérez

LA CLAVE DEL SILENCIO

“La música convoca al lugar donde ella tiene lugar”
P. Quignard


Mis abuelos no escuchaban música. No escuché melodía alguna durante mi estadía en su casa. Pero mi abuela sabía hablar el idioma de los animales. Respondía a los relinchos de los caballos, emitía el canto agudo de los pájaros. Ahora que mi abuela está  sorda, qué animal es.
Mi abuelo quiso muerte la última vez que estuvo en la prisión nazi. Mi abuelo quiso muerte pero no tenía con qué. Golpeaba su pecho con los puños, como a un tambor. 


Natalia Litvinova
 del blog Casa Ajena

jueves, 20 de febrero de 2014

LA VELA MAYOR



©Sitios en el Corazón - Pascal Quignard a partir de una foto de Louis Monier

"Frontón decía que había que trabajar la lengua para ser capaz de enfrentar audazmente los peligros de los pensamientos más difíciles de aceptar, las afasias que provocan las experiencias más dolorosas o que son las más inmanejables. 
Hay que seguir el propio rumbo con los remos y las velas pequeñas, pero cuando sobreviene la necesidad imprevista, hay que ser capaz de desplegar la vela mayor del lenguaje y dejar bruscamente atrás los botes, los barcos de pescadores, la filosofía, la historia, las leyes, los proverbios, los decretos, la charlatanería, las costumbres."


sábado, 11 de agosto de 2012

HAY UNA EDAD...


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                                        ©Edit.Bordas - Pascal Quignard - París - 2008


En el fondo del hombre hay una noche irresistible. Cada anochecer, los hombres y las mujeres se quedan dormidos. Se hunden en esa noche como si las tinieblas fuesen un recuerdo.


 Quien tiene un secreto tiene un alma.


El misterio surge cuando viene a añadirse la fascinación al espanto.


Nadie salta por encima de su sombra. Nadie salta por encima del origen.


El rasgo del orgasmo es temporal: es la pérdida de la conciencia de la duración.


El silencio en nada define la carencia sonora: define el estado en que el oído está más alerta.


Hay una edad en la que el hombre ya no se encuentra con la vida, sino con el tiempo. Ya no vemos vivir la vida. Vemos el tiempo que devora la vida cruda.


Hay que ceder al propio secreto hasta el punto en que la vista no está impedida de hacerlo. El sueño es lo único que lo revela para el soñante, que está solo, en forma de imágenes. Nunca se comparte el sueño. No lo compartimos siquiera con el lenguaje.


El individuo es como la ola que se levanta en la superficie del agua. No puede separarse de ella completamente. Y vuelve a caer rápidamente en la masa solidaria, que se la traga. Vuelve a caer una y otra vez continuamente con el movimiento irresistible de la marea que la arrastra. Pero ¿Por qué no levantarse una vez, y otra vez, y otra vez?


Pascal Quignard




                                                                                        ©Hugo Simberg


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martes, 28 de septiembre de 2010

QUE HAYAMOS NACIDO

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El rumor de sus propios pasos,
ése es el primer estrato del silencio.
¿Qué es Dios? Que hayamos nacido.

Que hayamos nacido de otros distintos a nosotros. Que hayamos nacido en un acto que no nos imaginamos. Que hayamos nacido durante un abrazo en el que otros dos cuerpos distintos al nuestro estaban desnudos: quisiéramos verlos.

Sucede que moviéndose el uno hacia el otro gemían.

Somos el fruto de una sacudida entre dos pelvis desnudas, incompletas, avergonzadas una frente a la otra, cuya unión fue ruidosa, ritmada, gimiente.

Pascal Quignard - fragmento del libro La haine de la musique, Hachette, París 1994. Publicado en la revista Nombres, Argentina. Traducción de Carlos Schilling
Hay películas que se han basado en sus libros. Por ejemplo: Todas las Mañanas del Mundo de Alain Corneau en 1991. El Lector de Stephen Daldry en 2008. Villa Amalia de Benoit Jacquot de 2010. Entre otras.
imagen: Pascal Quignard, a partir de una fotografía de Sergio Gaudenti-11 octubre 1989 - París