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lunes, 9 de septiembre de 2013

TINIEBLAS (UNO)

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©Coll. Galpérine - Léon Bloy 
 
Causa espanto pensar que sobrevivimos en medio de una multitud de difuntos que se tienen por vivos; que el amigo, el camarada, el hermano con el que nos tropezamos por la mañana y que volveremos a ver por la noche, no es más que mera vida orgánica, apariencia de vida, una caricatura de existencia que no difiere en nada de cuantas se licúan en las sepulturas.

Resulta intolerable reconocer ante uno mismo que nos han traído al mundo unos padres difuntos; que ese sacerdote plantado en el altar se asemeja a un finado y que el Fármaco de la inmortalidad, la Hostia que acaba de consagrar para que nuestra alma reciba la Vida eterna, nos la va a administrar la mano de un cadáver, declamando con voz sepulcral las sagradas palabras de la liturgia.

Todos esos espectros funcionan, sin embargo, con una regularidad perfecta. La misa dicha por ese sacerdote vale tanto como la de un santo. La absolución que otorga a los pecadores es válida. La fuerza de su ministerio sobrenatural se alarga tanto en el tiempo que la muerte no prevalece contra él. Y esto es así para todos los semidifuntos que nos rodean y que nos vemos obligados a llamar, anticipadamente, muertos. Un alma exenta de vida, puede actuar y pensar mecánicamente.

Un cuerpo saludable y lozano puede ser el tabernáculo de una alma putrefacta. Horror harto frecuente. Ha habido casos de santos tocados por el privilegio espantable de poder oler las almas. De la Pastora de La Salette, Melania, se contaba que su vida era un puro sofoco. Castigo infernal que aceptaba y que no es posible afrontar sin horror.

La putrefacción universal que sigue a los horrendos castigos que han diezmado una parte de la tierra puede por tanto entenderse como la podredumbre de las almas. Algunos raros elegidos de Dios sienten seguro en este momento ese terrible hedor. 
 
 
©Coll. Galpérine - Madeleine Bloy (su hermana) 
 
No hay duda de que esta guerra interminable desatada por los demonios ha rebajado tanto los caracteres que vale decir que todos los corazones se mueven a ras de tierra. Mientras unos se hacen matar para salvar cuanto quepa de la herencia de los siglos, otros, incontables, se baten en cómodas moradas con los cuajarones de la sangre de las víctimas.

 La avaricia más feroz, la concupiscencia más grosera se ha apoderado de tal manera de los elementos que componen el honor del pueblo, que se llega a glorificar el hacer fortuna asesinando a la patria ya mutilada. Todo cuanto rinde provecho material merece respeto. Incluso la traición, practicada ventajosamente por los habilidosos, tiene su aureola, y la guillotina llora.
 
Hay que estar tan privado de razón como de olfato para no percibir que el cuerpo social entero es una carroña semejante a aquélla de Baudelaire "que vomitaba negros ejércitos de larvas" de "fetidez tan enorme que, sobre la hierba, la amada creyó desmayarse ". Esta abominación, que sólo el fuego podrá purificar, crece día a día con terrible celeridad. Nos acostumbramos a ello, la cobardía de unos se torna cómplice de la perfidia de los otros, y aquéllos que deberían mostrar un mayor horror, sin mover un dedo, se resignan calladamente a la chusma. Se trata de la bancarrota de las almas, del irreparable déficit de la conciencia cristiana.

Resulta evidente que Dios se verá forzado a cambiar todas las cosas, pues la situación es insostenible. Pero los caídos que entraron en la Vida perdurable en alas de la victoria y los más venerados santos de Francia no tolerarán que se consume la ruina de una tierra que es la más dilecta heredad de Jesucristo. Qué harán, no lo sabemos. Asistiremos a prodigios que nos harán temblar o llorar.
 
 
 
 
 
 
 
fragmento de 
En Tinieblas
 

 

martes, 18 de septiembre de 2012

JUSTO ENCIMA DEL OMBLIGO

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(c)Julian Kumar - El sueño cósmico de Vishnu, Brahma sale de su ombligo como un loto - India -2010

 
Cuento: En la mesa de los vencedores.
fragmento - Páginas: 27 y 28. de Léon Bloy
 
Espectáculo terrible el de las manos de los moribundos. En ellas, se diría, se refugia nuestra alma entera en los instantes postreros para que se cumpla expresivamente la implacable ley de su vida. La mayoría se agarrotan con firmeza, como las manos de los náufragos y de los que caen en simas. Algunas se retuercen convulsivamente o se cierran por completo. Otras hacen el gesto de apartar, de rechazar algo. Se ha llegado, incluso, a ver algunas que se posan justo encima del ombligo, el órgano respiratorio del cuerpo astral según los antiguos magos.
El último recurso para hacerse oír por un moribundo pasa por tocarle las manos o imponer sobre sus manos las nuestras. El franciscano lo sabía y los ojos de la agonizante se abrieron tan pronto como el cura rozó sus manos.
 
 
                
 


     
 

jueves, 9 de agosto de 2012

EL LÁGRIMA

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El hombre tiene en su pobre corazón lugares que no existen todavía
donde entra el dolor para que ellos sean
Léon Bloy




Las lágrimas están cayendo

Una canción de la película Cry Baby
                                 de John Waters  - 1990                                                                                     

viernes, 27 de julio de 2012

BLOY, LAS PALABRAS, LO DISPONIBLE

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                                                             ©Duane Michals - Primavera, 1984



Sería como para morir de espanto considerar, en esta ocasión, que las palabras no son solamente combinaciones alfabéticas u ocurrencias vocales, sino las más palpitantes realidades.

Una vez pronunciada, la mísera palabra que flotaba al principio en los limbos tenebrosos de lo Disponible, acto seguido se torna ágil, vagabunda e irreparable.

Ubicua por naturaleza, se dirige en todas direcciones al mismo tiempo agitándose con la fuerza plenaria de su origen Celeste, pues las palabras no son humanas.







Del cuento: La palabra.
         





Duane Michals (n. 18 de febrero de 1932) es un fotógrafo estadounidense. Su obra fotográfica destacó en los años setenta por sus secuencias y la incorporación de textos como elementos de las fotos. Se le considera uno de los principales representantes de la fotografía conceptual y filosófica.



                                   ©Duane Michals - Kavafis Diario - 2003


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martes, 24 de julio de 2012

BLOY Y LA CASA DEL DIABLO



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                                                                                        ©Toni Demuro



La auténtica locura parece ser la que excita más intensamente la imaginación popular, bien en el sentido de la inquietud o bien del terror.
Un instinto infalible advierte a esas almas pueriles de la decepción divina, implícita en el naufragio de una Inteligencia, y la enormidad de semejante desastre es sentida profundamente por los seres sencillos, hecho que no ha anulado la necia ciencia de las demostraciones.
 Prueba sobrenatural o castigo severo por no importa qué crimen, esta incomparable miseria los sume en la inquietud y temen el contagio.
Sólo así puede explicarse el extraño terror, el supersticioso alejamiento de una población -todavía piadosa- de los confines de este funesto bosque de Maine en el que Carlos VI se volvió loco.






del cuento:
La casa del Diablo, de:
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