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miércoles, 11 de septiembre de 2013

TINIEBLAS (TRES)

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©Colección Karsten-Greves París/Henri Michaux - 1981
 
 
Puertas que dan al fuego

El agua ya no corre para mí
La vida no tiene más días para mí
Vasallo de un brazo roto, vivo insularmente

Mis puertas dan al fuego
Arrancada la ropa interior de mi carne, mi piel ya no me envuelve
Ya nada me envuelve
Furiosa batalla que se libra dentro de mis fronteras


¡Qué frágiles son las patas de los teros!
Pero les bastan

Como una herramienta caída de una carreta
me quedé en la ruta

Mis pájaros ya no vuelan
Un solo hueso roto apresó mi vida

Escucho los informes chillones de mi cuerpo
El dolor en mi herida sumerge su escorpión marino

Hospital y momias matinales
¡Oh, qué profundamente cerrado está todo!


Noches sin fin
Lentamente, lentamente las agujas convierten la noche en alba

Tiempo inexorable que debo recorrer sin perder un minuto
¿Quién me regalaría uno solo?
Noches como un toldo sobre una herida
Cuando el sufrimiento se refleja en sufrimientos
cuando el sufrimiento en mil espejos rebota y repercute
… y todos los grados que todavía le falta subir

Nada de cielo
Arrancamos las vendas

Una quilla caída, todas las quillas oscilan

Sufrimiento que sigue sin domesticar
su fanfarria loca
su trompeta desgarradora sólo para mí
entre nosotros, telones bajos

Sufrimiento que sobrevive a todo, como un culto inepto,
transmitido incomprendido,
al que seguimos estando sometidos
Brasa

Brasa y perforaciones
¡Qué horribles brasas!
Ahí estaba mi brazo, antes


Fuego. Fuego. Fuego. Fuego incesantemente fuego

La lengua fría del cuchillo de trinchar
vaga sola entre los labios del hombre solo

Abejas que están libando flores de hierro
Pájaros que vuelan entre árboles de hierro

Perros que muerden. Jaurías de perros
incesantes oleadas de perros

En pleno día, espero la salida del sol

Henri Michaux

 
en A distancia (recopilación póstuma)
Paris, Mercure de France, 1997
Traducción inédita: Silvio Mattoni
 


©Centro Pompidou/Henri Michaux - acuarela y tinta china sobre papel - 1945
 
 

©Eddie Novarro - Henri Michaux - detalle 
 
 

martes, 10 de septiembre de 2013

TINIEBLAS (DOS)

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Georg Trakl  - Autorretrato (expresionismo)
 
 
EXPRESIONISMO  LITERARIO
 
SALMO
 
Hay una luz que el viento ha extinguido.
Hay una taberna que el borracho abandona al mediodía.
Hay un viñedo, quemado y negro, con hoyos llenos de arañas.
Hay una habitación cuyas paredes con leche se han blanqueado.
El loco ha muerto. Hay una isla en los Mares del Sur
Dispuesta para el Dios Sol. Siguen tocando los tambores.
Los hombres ejecutan danzas de guerra.
Las mujeres mecerán sus caderas en lianas y flores de fuego
Mientras cante el mar. Oh, nuestro paraíso perdido.
Las ninfas han abandonado los bosques de oro.
Han enterrado al desconocido. Una lluvia delgada comienza a caer.
El hijo de Pan surge bajo la forma de un campesino
Que duerme al mediodía sobre el asfalto incandescente.
Los vestiditos de las pequeñas de aquella granja son de una
           pobreza desgarradora.
Hay habitaciones llenas de cuerdas y sonatas.
Hay sombras que se abrazan ante un espejo enceguecido.
En las ventanas del hospital se calientan los convalecientes.
Un barco de vapor lleva epidemias sangrientas por el canal.
Una extraña hermana vuelve a aparecer en algún sueño maligno.
Descansando en el follaje de avellana, ella juega con su destino.
El estudiante, o tal vez un doble, la sigue,
         espiando desde la ventana.


Tras él se yergue su hermano muerto, o bien él desciende
por la vieja y tortuosa escalera.
La figura de una joven novicia palidece en la oscuridad de los castaños.
Cae la tarde en el jardín. Los murciélagos revolotean en torno al claustro.
Los hijos del portero dejan de jugar y van en pos del oro del cielo.
Los acordes finales de un cuarteto. Una pequeña ciega
        corre temblando por el boulevard.
Y más tarde, su sombra trepa por los muros fríos, oculta
entre cuentos y santas leyendas.


Hay una barca vacía, abriéndose paso por la tarde en el oscuro canal.
En la lobreguez del viejo asilo se desmoronan ruinas humanas.
Unos huérfanos muertos yacen junto al muro del jardín.
Ángeles con las alas manchadas de fango salen de grises habitaciones.
Caen gusanos desde sus párpados amarillentos.
El atrio de la iglesia, oscuro y en silencio, como en los
        días de la infancia.
Vidas anteriores se deslizan por ahí con pies de plata,
Y las sombras de los malditos descienden a las aguas quejumbrosas.
Dentro de su tumba, el mago blanco juega con unas serpientes.

En silencio, se abren los dorados ojos de Dios sobre la
        morada de las calaveras.

 
 
Georg Trakl


 "Yo no he nacido sino a medias" escribió

Para saber más


lunes, 9 de septiembre de 2013

TINIEBLAS (UNO)

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©Coll. Galpérine - Léon Bloy 
 
Causa espanto pensar que sobrevivimos en medio de una multitud de difuntos que se tienen por vivos; que el amigo, el camarada, el hermano con el que nos tropezamos por la mañana y que volveremos a ver por la noche, no es más que mera vida orgánica, apariencia de vida, una caricatura de existencia que no difiere en nada de cuantas se licúan en las sepulturas.

Resulta intolerable reconocer ante uno mismo que nos han traído al mundo unos padres difuntos; que ese sacerdote plantado en el altar se asemeja a un finado y que el Fármaco de la inmortalidad, la Hostia que acaba de consagrar para que nuestra alma reciba la Vida eterna, nos la va a administrar la mano de un cadáver, declamando con voz sepulcral las sagradas palabras de la liturgia.

Todos esos espectros funcionan, sin embargo, con una regularidad perfecta. La misa dicha por ese sacerdote vale tanto como la de un santo. La absolución que otorga a los pecadores es válida. La fuerza de su ministerio sobrenatural se alarga tanto en el tiempo que la muerte no prevalece contra él. Y esto es así para todos los semidifuntos que nos rodean y que nos vemos obligados a llamar, anticipadamente, muertos. Un alma exenta de vida, puede actuar y pensar mecánicamente.

Un cuerpo saludable y lozano puede ser el tabernáculo de una alma putrefacta. Horror harto frecuente. Ha habido casos de santos tocados por el privilegio espantable de poder oler las almas. De la Pastora de La Salette, Melania, se contaba que su vida era un puro sofoco. Castigo infernal que aceptaba y que no es posible afrontar sin horror.

La putrefacción universal que sigue a los horrendos castigos que han diezmado una parte de la tierra puede por tanto entenderse como la podredumbre de las almas. Algunos raros elegidos de Dios sienten seguro en este momento ese terrible hedor. 
 
 
©Coll. Galpérine - Madeleine Bloy (su hermana) 
 
No hay duda de que esta guerra interminable desatada por los demonios ha rebajado tanto los caracteres que vale decir que todos los corazones se mueven a ras de tierra. Mientras unos se hacen matar para salvar cuanto quepa de la herencia de los siglos, otros, incontables, se baten en cómodas moradas con los cuajarones de la sangre de las víctimas.

 La avaricia más feroz, la concupiscencia más grosera se ha apoderado de tal manera de los elementos que componen el honor del pueblo, que se llega a glorificar el hacer fortuna asesinando a la patria ya mutilada. Todo cuanto rinde provecho material merece respeto. Incluso la traición, practicada ventajosamente por los habilidosos, tiene su aureola, y la guillotina llora.
 
Hay que estar tan privado de razón como de olfato para no percibir que el cuerpo social entero es una carroña semejante a aquélla de Baudelaire "que vomitaba negros ejércitos de larvas" de "fetidez tan enorme que, sobre la hierba, la amada creyó desmayarse ". Esta abominación, que sólo el fuego podrá purificar, crece día a día con terrible celeridad. Nos acostumbramos a ello, la cobardía de unos se torna cómplice de la perfidia de los otros, y aquéllos que deberían mostrar un mayor horror, sin mover un dedo, se resignan calladamente a la chusma. Se trata de la bancarrota de las almas, del irreparable déficit de la conciencia cristiana.

Resulta evidente que Dios se verá forzado a cambiar todas las cosas, pues la situación es insostenible. Pero los caídos que entraron en la Vida perdurable en alas de la victoria y los más venerados santos de Francia no tolerarán que se consume la ruina de una tierra que es la más dilecta heredad de Jesucristo. Qué harán, no lo sabemos. Asistiremos a prodigios que nos harán temblar o llorar.
 
 
 
 
 
 
 
fragmento de 
En Tinieblas