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miércoles, 20 de octubre de 2010
martes, 19 de octubre de 2010
CELEBRANDO
El juez Baltasar Garzón, también participó en el homenaje a Saramago (y para quien Pilar del Río pidió el Nobel de la Paz antes de un largo homenaje de aplausos).
Durante el acto, en el que se presentaba el libro: José Saramago en sus palabras, de Fernando Gómez Aguilera (editorial Alfaguara), Garzón expresó que el acto era necesario para "hacer presente la figura del escritor"... "Porque él fue una enseñanza para aquellos que consideran que lo que ocurre a su alrededor no es problema suyo... Una lucha contra la indiferencia", sostuvo el antiguo magistrado de la Audiencia Nacional. - Ayer lunes 18 de octubre 2010 - fotografía de Bernardo Pérez (ampliar)
lunes, 18 de octubre de 2010
UNO MENOS
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El Supremo expulsa definitivamente a Falange del proceso contra Garzón.
EL PAIS - lunes 18 de octubre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
PESADA BOLSA DE ARENA
..."Ahora que soy vieja, tengo toda la serenidad para vivir. Voy a hablar, depositar las palabras y el tiempo. Me siento un poco pesada. No es por los años que pesan más, sino por todo lo que no ha sido dicho, lo que he callado y disimulado. No sabía que una memoria llena de silencios y miradas podía convertirse en una bolsa de arena que vuelve la marcha difícil."
Tahar Ben Jelloum - de La noche sagrada
fotografiado por Elienne George - julio 1992 - Tánger - Marruecos
viernes, 15 de octubre de 2010
CULTURA PASMOSA
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Claire Parnet: Tú dices no ser culto, es decir, tú dices que sólo lees, que sólo ves películas o sólo consideras las cosas, para un saber preciso, y que necesitas para un trabajo concreto, que es el que estás haciendo en un momento dado. Pero al mismo tiempo, eres una persona que va todos los sábados a una exposición, o a ver una película de ámbito cultural selecto, y uno tiene la impresión de que hay una práctica, una especie de esfuerzo encaminado a la cultura, que sistematizas y tienes una práctica cultural, o sea, que sales, haces un esfuerzo, tiendes a cultivarte y sin embargo, repito, dices que no eres nada culto, asi que ¿Cómo explicas esa pequeña paradoja? ¿No eres culto?
Gilles Deleuze: No, lo que quiero decir cuando digo, en efecto, cuando te digo que no me considero en absoluto como un intelectual, que no me considero alguien cultivado, es por una razón muy sencilla que es que cuando veo a alguien cultivado me quedo pasmado.
Alguien culto no deja de llamar la atención, se trata de un saber pasmoso acerca de todo. Alguien culto, - uno lo ve mucho en intelectuales - lo sabe todo, no sé, están al corriente de todo, se saben la historia de la Italia del Renacimiento, se saben la geografía del polo norte, se saben...bueno, se podría hacer toda una lista.
Lo saben todo, pueden hablar de todo, es abominable.
Así que cuando digo que no soy cultivado ni intelectual quiero decir algo muy sencillo: no tengo ningún saber de reserva, ninguno, así no tendré ningún problema.
Cuando me muera no habrá que buscar cosas mías sin publicar. ¡Nada! Porque no tengo ninguna reserva, no tengo nada, ningún depósito, ningún saber provisional. Y todo lo que aprendo lo aprendo para una tarea determinada, de modo que una vez terminada la tarea lo olvido, hasta el punto de que diez años después, me veo obligado, y eso me produce una gran alegría cuando me veo obligado a ponerme a trabajar de nuevo sobre un tema anexo. Tengo que empezar de cero. Con la excepción de unos pocos casos, porque a Spinoza lo llevo en el corazón, no se me olvida, es mi corazón no mi cabeza. Ahora salvo este caso, no siento admiración por ello, por esa cultura pasmosa.
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Claire Parnet: ¿Se trata de erudicción sobre todos los temas?
Gilles Deleuze: No, no se trata de erudicción, saben de lo que hablan.
Para empezar han viajado, en la historia, en la geografía, saben y pueden hablar de todo. En la tele he podido escuchar nombres, es algo pasmoso, cuánta admiración siento, puedo decirlo incluso, por gente como Eco.
Umberto Eco es algo prodigioso, cualquier cosa que se le pregunta y ¡Ya está! es como si se pulsara un aparato. Y además lo sabe, no es que...No puedo decir que sea algo que me apetezca, me deja pasmado, pero no lo deseo en absoluto.
En cierto modo pienso que la cultura consiste en buena medida en hablar, no puedo evitarlo sobre todo ahora que ya no doy cursos, que me he jubbilado, y pienso cada vez más que hablar es algo sucio, mientras que la escritura es limpia. Escribir es limpio y hablar es sucio. Y es así porque es un coqueteo.
Nunca he soportado los debates. Asistí a debates cuando era muy joven, no los soportaba. Y tampoco viajo, ¿Por qué no? Porque los intelectuales, - yo no tendría inconveniente en viajar, si...bueno, no, mi salud me lo prohíbe -
Los viajes de los intelectuales son bufonadas. No viajan. Se desplazan para hablar, y luego, incluso durante el almuerzo, hablan con los intelectuales del lugar, o sea que no paran de hablar.
Yo no soporto hablar, hablar y hablar, no lo soporto. A mi modo de ver la cultura está al fin y al cabo, ligada a la palabra, y en este sentido yo odio la cultura. No puedo soportarla.
Claire Parnet: -Pero sobre eso volveremos, sobre la separación sobre una escritura limpia y la palabra sucia, porque a pesar de todo has sido un gran profesor y la solución...
Gilles Deleuze: - Es diferente, eso es diferente
Claire Parnet: - Pero volveremos sobre eso, porque hay una letra P que está ligada a tu trabajo de profesor y con ello tenemos la oportunidad de hablar de la seducción. Quería volver a algo que has eludido un poco, y es ese esfuerzo, esa disciplina que tú te impones, aunque en realidad no lo necesites, de ver ...no sé...digamos que en los últimos quince días; de ver la exposición de Sigmar Polke, en el museo de arte moderno. Vas, sin embargo, con bastante frecuencia, por no decir cada semana, a ver una gran película o a una exposición de pintura. No eres un erudito, no estás cultivado, no sientes ninguna admiración por la gente cultivada, como acabas de decir. ¿A qué corresponde esa práctica, ese esfuerzo? ¿Se trata de un placer?
Gilles Deleuze: - pienso que no. - bueno, sí, claro, se trata de un placer, en fin, no siempre es un placer. Pero entonces pienso en la cosa de estar al acecho.
En cierto modo yo no creo en la cultura, pero sí que creo en los encuentros y los encuentros no se hacen con gente, la gente cree en los encuentros, se hacen con gente y eso es terrible. Esto forma parte de la cultura, los intelectuales se encuentran entre ellos, esa marranada en los debates, toda esa infamia.
Pero los encuentros no se hacen con la gente, se hacen con obras. Yo me encuentro con un cuadro, me encuentro con un aire musical, me encuentro con una música.
Sí, comprendo lo que quiere decir un encuentro, cuando la gente quiere añadir además un encuentro consigo misma, con la gente, la cosa ya no funciona en absoluto. Eso no es un encuentro, esa es la razón de que los encuentros resulten tan decepcionantes. Los encuentros con la gente siempre son catastróficos.
Yo, como dices, cuando voy el sábado o el domingo al cine, no estoy seguro de tener un encuentro, pero salgo un poco, estoy al acecho, ¿ No hay nada que encontrar - un cuadro, una película? Entonces es formidable.
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fragmento del abecedario de Gilles Deleuze - 1988
El abecedario de Gilles Deleuze" fue producido y realizado por Pierre André Boutang para la televisión francesa en 1988, pero su primera emisión tuvo lugar en el canal Arte en 1996. Compuesto por 8 horas de entrevistas realizadas al filosofo francés Gilles Deleuze, “El abecedario” es la única cinta consagrada a este pensador que siempre se rehusó a aparecer en televisión. En esta única ocasión, aceptó ser entrevistado por un equipo de televisión con la condición de que la filmación adquiriera la forma de una conversación entre él y su antigua alumna y amiga Claire Parnet y que fuera emitida después de su muerte. Como el nombre de la película lo indica, a Deleuze se le interroga sobre 26 temas, cada uno de los cuales comienza por una de las letras del alfabeto. El filósofo aborda algunos de sus conceptos e ideas, pero también algunos asuntos más personales relacionados con su trabajo filosófico (por ejemplo, el tema de la letra “b” es “bebida” [boisson]; el de la “e”, infancia [enfance] y el de la “m”, “enfermedad” [maladie]).
encuentro decepcionante: cuando Deleuze habla de encuentro se refiere a congresos, jornadas, por ejemplo encuentros de verano sobre Kant u otro filósofo. Se refiere a la filosofía. No tiene nada que ver con la palabra encuentro tal como la usa y la acuña J.L.Moreno para el psicodrama.
esfuerzo y disciplina para ir al cine dice Claire: Deleuze ya está muy enfermo (tuberculosis desde 1968 y consecuencias pulmonares graves) y le cuesta el esfuerzo físico, caminar por ejemplo. Claire lo que señala es que si le cuesta tanto porque asiste a eventos culturales como la exposición de Sigmar Polke, si dijo que no le interesa.
Imágenes: la primera es un mural de Thierry Ehrmann en el museo La Morada del Kaos (Lyon). Están Guy Debord en rojo y Deleuze en azul
luego siguen fotogramas de la entrevista.......
El resto son obras de Sigmar Polke (en homenaje al esfuerzo de Deleuze).
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jueves, 14 de octubre de 2010
DUKE OF AMARCORD
Fallo del X Premio Reino de Redonda (2010)
Con fecha de 20 de abril de 2010, el escritor Javier Marías, en nombre del Reino de Redonda, dio a conocer el fallo del X Premio Reino de Redonda, instituido en 2001 para distinguir anualmente la obra de un escritor o cineasta extranjero –y de lenguas no españolas- en su conjunto. Si bien este año, con motivo del décimo aniversario, las candidaturas se abrieron, excepcionalmente, a autores y cineastas españoles y latinoamericanos.
Este año de 2010, han participado en las votaciones los siguientes miembros del prestigioso jurado:Pedro Almodóvar, António Lobo Antunes, John Ashbery, Antony Beevor, Michel Braudeau, A S Byatt, J M Coetzee, Agustín Díaz Yanes, Roger Dobson, Sir John Elliot, Marc Fumaroli, Pere Gimferrer, Claudio Magris, Eduardo Mendoza, Ian Michael, Alice Munro, Orham Pamuck, Arturo Pérez-Reverte, Francisco Rico, Ian Robertson, Fernando Savater, Mario Vargas Llosa, Luis Antonio de Villena y Juan Villoro.
Una vez realizado el recuento de las candidaturas y votaciones, el ganador de la presente edición ha sido el novelista y ensayista checo-francés Milán Kundera, nacido en 1929 en Brno (Checoslovaquia) y nacionalizado francés en 1981. La mayoría de sus obras han sido traducidas puntualmente al español, y entre ellas cabe destacar sus novelas La insoportable levedad del ser, La broma, La inmortalidad, La despedida, La lentitud y La identidad, así como los ensayos El arte de la novela, Los testamentos traicionados, El telón y el más reciente, Un encuentro, de 2009, obras todas ellas publicadas por Tusquets Editores.
Milan Kundera ha recibido numerosos premios internacionales, entre ellos el Prix Médicis Étranger, el Mondello, el Nelly Sachs, el Commonwealth, el Europa y el Jerusalén.
El Reino de Redonda, al concederle su Premio, desea destacar que lo merece “por la gran calidad de su obra de ficción, que refleja las ambigüedades y contradicciones de los individuos de nuestro tiempo, tanto bajo regímenes dictatoriales como democráticos, y por la perspicacia y profundidad de sus ensayos literarios, en los que ha rastreado y reivindicado algunas de las tradiciones novelísticas más importantes y sin embargo menos visibles”.
Milan Kundera ha declarado sentirse “agradecido, honrado y divertido” por la concesión de este Premio, y ha decidido elegir el título de “Duke of Amarcord, que también existe bajo el nombre Milan Kundera”, según sus palabras, “como salutación a Fellini”. El Premio está dotado con tres mil euros (3.000 €), aportados por la editorial Reino de Redonda, S. L., y con el título de “Duque o Duquesa redondinos” para el ganador.
Milan Kundera pasa a ser, así, “Duke of Amarcord” de este Reino literario y formará parte del jurado del Premio, si ese es su deseo, y si el Premio sigue convocándose, ya que, tras diez años de existencia, es posible que haya llegado el momento de ponerle fin. La decisión dependerá, el año próximo, de los miembros del incomparable jurado y de quien esto firma
Javier Marías - Madrid, a 20 de abril de 2010
en la fotografía Milan Kundera - C. Hélie / Gallimard - 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
CENTAURO - CINCO
".El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?
Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro."
Milan Kundera - La insoportable levedad del ser -
Las fotografías donde Milan se cubre el rostro con las manos son de Sophie Bassouls tomadas durante un programa de la serie Apostrophes de la TV francesa - 1984
martes, 12 de octubre de 2010
PAREJAS
"Desde el momento que se trata de la historia de una pareja y luego de la de dos, de dos parejas que sólo forman una, puede ser la historia de una multitud de parejas".
Abbas Kiarostami - Director de cine iraní a raiz de su última película: Copia Certificada - Cahiers du Cinema - octubre de 2010
imagen: Ava Gardner y Richard Burton fotografiados por Pete Turner - digitalizado
lunes, 11 de octubre de 2010
CREERLO
"No se trata de que sea necesario conseguir algo, sino de que es necesario salirse de donde se está…
Puedo convertirme en lo que quieran que sea. Y creerlo”.
"Creo que siempre o casi siempre en la infancia la madre representa a la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido"
"Podría engañarme, creer que soy hermosa como las mujeres hermosas, como las mujeres miradas, porque realmente me miran mucho. Pero sé que no es cuestión de belleza sino de otra cosa, por ejemplo, sí, de otra cosa, por ejemplo, de carácter.
Parezco lo que quiero parecer, incluso hermosa si es eso lo que quiero que sea, hermosa, o bonita. [...] Creer, además, que soy encantadora. En cuanto lo creo, se convierte en realidad para quienes me ven y desean que sea de una manera acorde con sus gustos, también lo sé. Así puedo ser encantadora, a conciencia, incluso si estoy atormentada por la estocada a muerte de mi hermano. Para la muerte, una sola cómplice: mi madre."
Marguerite Duras - fragmentos
imagen superior a partir de una fotografía de Sophie Bassols efectuada durante la entrevista del programa Apostrophes de la TV francesa. Las de abajo Marguerite cuando joven. (agrandar)
domingo, 10 de octubre de 2010
ESTE AMOR
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Un hombre de mirada huidiza en el cementerio de Montparnasse. Merodea la tumba de la escritora Marguerite Duras. Cuando presiente que nadie lo ve, se aproxima y --palabras suyas-- "pone orden". Quita los billetes de metro dejados como ofrendas sobre la lápida. Cambia las flores marchitas por otras nuevas. Es como el guardián de un mausoleo.
El hombre se llama Yann Andréa, último amante y compañero de Marguerite Duras. Desde la muerte de ella, en marzo de 1996, se siente "una basura". Desea morir pero no se atreve a matarse. Y, sin embargo, el 30 de julio de 1998, algo en él parece reaccionar. Llama a su madre. Pide auxilio. La madre apenas lo reconoce: veinte kilos de más. Y eso que, para evitarle un impacto todavía mayor, se afeitó por la noche una tupida barba.
Noviembre de 1998. Tras una cura otoñal junto a su madre, Yann Andréa vuelve a París, dispuesto a instalarse en casa de Duras, a pocos metros del célebre Café de Flore. Y allí, entre libros y objetos que la evocan, escribe en menos de dos meses, febrilmente, un libro que narra su vida con ella: Cet amour-là.
El libro, publicado hace un par de años por la editorial Pauvert, es todo un éxito. Lo invitan a la televisión. Lo nominan para varios premios literarios. Lo leen. Leen su libro que parece la contracara de todos aquellos de Duras con él como protagonista. Leen su prosa que, suscinta y punzante, trae enseguida a la memoria la prosa de ella.
Ahora el libro es llevado al cine. La película también se llama Cet amour là (Este amor) y acaba de ser estrenada en Francia. La directora, Josée Dayan, ha escogido sabiamente a Jeanne Moreau para que haga de Duras. En el rol de Yann, un actor joven: Aymeric Demarigny. Otros rostros pero la misma historia, compleja y tortuosa.
El que dice: "Si mañana me muero o me mato, usted hará un pequeño libro en quince días, estoy seguro". Ella que responde: "No diga eso, Yann, se lo suplico. No diga un pequeño libro. Diga un libro".
Yann Andréa tiene poco más de veinte años cuando por azar se topa con un Les Petits Cheveaux de Tarquinia de Marguerite Duras y queda tan deslumbrado por esa prosa que abandona todas las otras lecturas, Hegel, Kant, Stendhal, para consagrarse a esa autora de la que aún ignora el rostro. Se convierte en su lector absoluto, y un día de 1975 oye decir que Duras viajará a Caen, el pueblo donde él vive, para presentar su filme India Song.
Piensa en ir con un gran ramo de flores. No se atreve. Lleva en reemplazo un libro de ella, a la espera de una firma. "Ella firma. Le digo: Quisiera escribirle. Ella da una dirección en París", recuerda en Cet-amour là. Duras narra el encuentro de manera diferente en su Yann Andréa Steiner, publicado en 1992. Dice que él la acompañó luego hasta su auto y que le hizo dos preguntas: si tenía amantes y cuán deprisa conducía de noche. A la primera ella contestó que ninguno, "lo que era cierto". A la segunda: 140.
A partir del día siguiente, Yann empieza a escribirle, incontinente. A Duras le encantan esas cartas casi siempre cortas, como "llamados urgentes enviados desde un lugar invivible". A veces él pone, a guisa de encabezado, el lugar desde el que las remite. Otras veces la hora, el clima (sol o lluvia) o nada más que "frío" o "solo". En La Vie Materielle, Duras confiesa: "Yo también escribí cartas, como Yann hizo conmigo, durante dos años, a alguien que nunca había visto personalmente". Tal vez por esto no le contesta desde un principio.
La primera respuesta llega al cabo de cinco años, a comienzos de 1980. Duras le envía su nuevo libro: L'Homme assis dans le couloir. Yann queda descolocado porque no le gusta tanto como los antecesores. No comprende bien "esa historia de sexo". No quiere mentirle y deja de escribir. El correo trae un segundo ejemplar más una nota: "Tal vez no recibió el primero". Luego otros: Navire Night, Aurélia Steiner y Les Maines négatives. Sobre todo Aurélia Steiner, con una escueta carta que conmueve a Yann: " Estuve enferma, ando mejor, es el alcohol, acabo de terminar esto para el cine, creo que un texto es para usted".
Yann reemprende la correspondencia. Agrega incluso poemas de su autoría. "Algunos me parecieron muy hermosos, otros menos pero no sabía cómo decírselo". Para ella las cartas son "los verdaderos poemas". Yann, entretanto, las raras veces que viaja a París, tiene tanto terror de cruzarse por la calle con Duras que evita la zona de Saint Germain.
Hasta que, en julio de 1980, ella empieza a escribir desde su casa de verano, en Trouville, una columna semanal para el diario Libération, en la que se dirige a cierto "niño de los ojos grises", y Yann tiene la certeza de que esas historias son para él. Resuelve llamar por teléfono. Duras oye su voz, "ligeramente alterada" por los nervios.
«Digo: es Yann. Ella habla. Por mucho tiempo. Tengo miedo de no tener suficiente dinero para pagar la comunicación. Estoy en el correo de Caen. No puedo decirle que pare de hablar. Ella se olvida del tiempo. Y dice: venga a Trouville, no es lejos de Caen.»
Cerca de Trouville, en Normandía, hay una aldea de pescadores denominada Honfleur. Duras propone subirse a su Peugeot y dirigirse allí. Quiere mostrarle "el esplendor del Havre". Ella conduce y él observa, callado. Al punto ella dice: "No va a pagar un hotel, además está todo completo, la habitación de mi hijo está vacía, él no está, puede dormir allí".
Esa noche "ningún ruido vino de esa habitación, igual que cuando estaba sola", escribió ella en Yann Andréa Steiner. La segunda noche conversaron de literatura. La tercera, hicieron el amor. "Usted vino a mi cuarto. No dijimos una palabra. Luego me dijo que yo tenía un cuerpo increíblemente joven". Duras llora. Yann le pide que no lo haga. Ella responde que podría "llorar con todo mi cuerpo". Que escribir, para ella, equivale a llorar.
Casi cuarenta años de diferencia hay entre Duras y Yann. El nació en 1952. Ella en 1914. Así y todo, él será su amante. El último. Será el encargado de pasar a máquina sus libros. Será también, con el paso del tiempo, chofer o cocinero o enfermero. Y cuando en 1981 Duras publique Outside, una recopilación de viejos artículos y textos, Yann será quien se ocupe de la selección. "Yo no juzgué los papeles, no los releí. Yann Andréa lo hizo por mí".
El primer libro que él tipea es L'eté 80. Duras se lo dedica. "A Yann Andréa", reza el epígrafe. Lo ha rebautizado (él se llama Jean y Andréa es el nombre de su madre), del mismo modo que ella abandonara el apellido paterno, Donnadieu, para adoptar el nombre de un pequeño pueblo al norte de Marmande en el que su padre había adquirido, en 1931, una propiedad. Duras, se llama el pueblo. Duras, dirá Yann en lugar de Marguerite.
"Nunca pude tutearla. A ella le hubiese gustado. Que la tuteara, que la llamase por su nombre. Pero eso no salía de mis labios".
Llega pronto la primera crisis: Yann es homosexual, dato soslayado en ambos libros (el de ella acerca de él; el de él acerca de ella) pero dicho a las claras por Duras en La vie materielle: "Me ha ocurrido esta historia a los sesenta y cinco años con Y. A., homosexual. Es sin duda lo más inesperado de esta última parte de mi vida, lo más terrorífico, lo más importante".
En su novela La maladie de la mort, Duras pone en el centro de la escena a un homosexual. Algunos críticos entienden que Yann está en la base del personaje. Maurice Blanchot observa, sin embargo, que a lo largo del libro la palabra "homosexualidad" no aparece escrita ni una sola vez. "Todos los hombres son homosexuales en potencia, sólo les falta saberlo" afirma ella en La vie materielle.
Empieza a ocurrir por entonces que Yann abandona a Duras, que ella casi no lo ve. En La pute de la côte Normande puede leerse: "El nunca está aquí, en el piso que habitamos juntos, al borde del mar. Se va a los grandes hoteles, en busca de hombres hermosos. También busca en los campos de golf. Se sienta en el hall del Hotel du Golf y espera, observa. (...) A veces se queda dormido sobre los canapés del Hotel du Golf, pero está tan bien vestido, está tan elegante, Yann, todo de blanco, que lo dejan dormir".
La primera separación de importancia, en junio de 1981, depara el guión de una película. Cuando Yann regresa, Duras lo filma. El no sabe cómo comportarse ante las cámaras. Los planos serán empleados en L'Homme Atlantique. Filme extraño. El actor que aparece en la pantalla es el mismo personaje al que se dirige ella, como narradora en off: objeto y sujeto.
Duras escribe un artículo en Le Monde, anunciando el estreno. Visto que el cine se halla a trasmano, aconseja qué ómnibus tomarse. Pero al final pone: "No vayáis, este filme no está hecho para vosotros". Yann sospecha el motivo de estas frases:
«Quiere guardar la imagen, mi rostro, para ella y nadie más. No soporta que alguien pueda mirarme.»
Siente que Duras lo esconde, que lo mantiene al margen de sus excursiones a la mundanidad de París. "Me encierra", protesta. Un día ella decide presentarlo en público.
«Estamos en Lisboa. Hay una restrospectiva de los films de Duras. Es mi primera salida oficial con ella. No sé dónde ponerme. Ella no me presenta a nadie, no dice nada, me deja olvidado. (...) Durante la cena, alguien me pregunta qué hago. No sé qué responder y entonces digo: nada. Ella está sentada cerca del embajador, al otro lado de la mesa, y escucha la palabra: nada. Dice muy fuerte: es fantástico lo que usted acaba de decir. Ya no sé a quién mirar. Cómo comer. Ella sigue hablando con el embajador. Y luego agrega dirigiéndose a mí, la voz siempre muy fuerte sobre la mesa inmensa: es magnífico, hay que tener coraje para decir estas cosas, usted no hace nada, es exactamente así.»
La relación entre Duras y Yann Andréa dista de ser plácida o sencilla. El parece acomplejado ante la famosa escritora. Ella no se explica su presencia. Un día le dice: "Si yo no fuera Duras, usted nunca me habría mirado". Otro día le da un bolígrafo, una hoja y lo conmina a escribir: "Yo no amo a Marguerite". El no acata. Ella pregunta en seguida: "¿Pero quién demonios es usted? Yo no lo conozco, Yann, no sé quién es ni qué hace aquí conmigo. Si es por el dinero, le advierto que no tendrá nada, nada".
A las sospechas siguen las disputas. En Yann Andréa Steiner, él la acusa de locura por "querer pasarse el día entero escribiendo", mientras Duras lo acusa de querer asesinarla. "Tengo miedo. Como a todos los hombres, cada día, aunque más no sea por unos segundos, usted se convierte en un asesino de mujeres". Como un eco resuena aquella frase de Hiroshima, mon amour: "Tú me matas, tú me haces bien". También una vieja declaración: "Siempre he sentido un miedo físico de los hombres con los que viví".
A veces es Duras quien pone patas en la calle a Yann. "Dice: no lo soporto más. Regrese a Caen, se acabó". Pero él regresa a la mañana siguiente o incluso esa misma noche. Ella abre la puerta murmurando: "Se lo echa y vuelve. Usted no tiene dignidad".
Otras veces es Yann quien dice "no puedo más se terminó".
«Ella deja lugar al enojo, deja pronunciar los insultos y luego se acerca, me coge la mano: no, no diga eso, no es cierto, nunca se ha terminado con Duras, y usted lo sabe».
En 1983 Yann Andréa da a conocer un libro titulado M.D. Curiosamente él es el primero de ambos en romper el silencio que envuelve a su relación. Y lo hace, para colmo, con un relato de los excesos alcohólicos de Duras y de su cura de desintoxicación en 1982. El estilo de M.D. es tan parecido al de ella, sus revelaciones tan íntimas (y al mismo tiempo consignadas en un tono tan distante), que muchos llegan a insinuar que acaso el verdadero autor del libro no sea Andréa sino Duras.
En un estudio consagrado a la escritora, Aliette Amel dice que el primer libro de Yann "juega un rol primordial en la evolución de la obra de Duras". Un año después de M. D., ella escribe su "primer libro en primera persona", como le dice por TV a Bernard Pivot. Se trata, claro, de El amante. Premio Goncourt. Exito de críticas y ventas.(En la última fotografía están en el camerino de la televisión. Marguerite será entrevistada en el programa Apostrophes a raíz de haber ganado el premio Goncourt, Andréa reflejado en el espejo - fotografía de Jean Paul Guilloteau - 1984)
Vinculada de forma tangencial al nouveau roman, la obra de Duras será a partir de entonces netamente autobiográfica. Comienza, lo que Arnel y otros denominan "el ciclo Yann Andréa". Puede resultar una exageración. Pero en los libros de los años siguientes él aparecerá como personaje más o menos explícito (Les yeux bleus, cheveaux noirs) o incluso, en las novelas tardías, Duras mantendrá un diálogo con él.
Eduardo Berti
Revista Planeta Humano, Madrid, febrero de 2002
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