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lunes, 15 de octubre de 2012

SÁNDOR MÁRAI - LIBERACIÓN


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   ©Massimo Listri -detalle de la escultura de Pietro Canonica, The Abyss
 
 
 
Erzsébet lo nota inseguro y lo observa con curiosidad.Por primera vez desde que están allí se siente más fuerte que aquél hombre, que las circunstancias...como si tuviera un arma en la mano. El arma es esa palabra, a la que el hombre busca respuesta a tientas.
 
- Existe el amor - prosigue él con gravedad - . Existe cuando uno ama, y entonces es muy poderoso. Cuando se ama a alguien, tal vez podemos salvar su vida,. Existe un estado de ánimo o mental que la gente denomina amor y que a veces pude incluso ser duradero, es cierto. Estados de ánimo así liberan inmensas energías. 
 
 
 
 
Cuando uno ama se siente más y más poderoso, no cabe duda, pero es un estado transitorio. El amor pasa, la persona se queda. - No - niega con la cabeza -, el amor no lleva a la liberación. Sólo existe una forma de liberación - sentencia  con orgullo y frialdad.
 
- ¿Cuál? - pregunta ella en voz baja y tímida como si de su boca no salieran palabras, sólo aliento.
 
- Quien es lo bastante fuerte para conocer la realidad de su propia naturaleza ya está próximo a la liberación. Debe aceptarla sin ofenderse, porque ésa es la realidad. Y en la medida de lo posible, vivir sin falsos anhelos. Esto es cuanto podemos hacer - asegura y levanta una mano, como si rechazara definitivamente algo o a alguien.  
fragmento de la novela Liberación de Sándor Márai
 
 
©Flickr - Pietro Canónica - The Abyss - detalle
 

viernes, 13 de abril de 2012

PRISIONEROS DEL FUTURO (47)

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                                Sándor Márai a los cuatro años


En ocasiones sueño que vuelvo a ser un niño, y un helado escalofrío me recorre la espalda, se me acelera el corazón, grito en medio del sueño, me despierto bañado por un sudor angustioso.

Tal vez todo lo demás, la cautela, la sabiduría, la cordura, la inteligencia, no valga ni un comino porque no está enardecido por la loca pasión de la juventud, ese extraño deseo que pretende salvar el mundo y al mismo tiempo consumirse a sí mismo, que quiere agarrar con las dos manos todo lo que el mundo le ofrece y que a la vez arroja a puñados todo lo que la vida le regala.

Cuando evoco mi niñez me siento incapaz de decir que fue "buena" o "mala". Pero sé que no estaría dispuesto jamás y a ningún precio a volver a ella.

El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona.




Uno también construye lo que le ocurre. Lo construye, lo invoca, no deja escapar lo que le tiene que ocurrir. Así es el hombre. Obra así incluso sabiendo o sintiendo desde el principio, desde el primer instante, que lo que hace es algo fatal. Es como si se mantuviera unido a su destino, como si se llamaran y se crearan mutuamente. No es verdad que la fatalidad llegue ciega a nuestra vida, no. La fatalidad entra por la puerta que nosotros mismos hemos abierto, invitándola a pasar.

Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Estas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.

Por eso temía ese secreto. Por eso somos todos capaces de conformarnos con cualquier cosa, con cualquier arreglo, incluso con el más vil y cobarde; mira a tu alrededor, y encontrarás las mismas soluciones a medias entre los seres humanos: uno se marcha, se aleja de la persona o de las personas que ama, atemorizado por un secreto, y otro se queda, calla y espera una respuesta durante una eternidad...Eso lo he visto y lo he vivido yo. No es cobardía, no...Es una defensa, la última defensa del instinto humano por sobrevivir.


Sándor Márai



                                Tomás Nielsen


El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala sino también con lo que piensa al picar y palear.

Sándor Márai.

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lunes, 12 de marzo de 2012

UN DESTINO

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"Lo que para tí era un estado, para nosotros era una vocación. Lo que para tí era una máscara, para nosotros era un destino. No nos extrañamos cuando te quitaste la máscara. Pero pensamos que algún día regresarías. O que escribirías".



Sándor Márai - fragmento de El último encuentro

ilustración de Wieslaw Walkuski

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sábado, 8 de enero de 2011

CENTAURO (SIETE)





"Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere. Comprende la maravilla y la razón de las acciones humanas. El lenguaje simbólico del inconsciente... porque las personas se comunican por símbolos, ¿te has dado cuenta?, como si hablaran un idioma extraño, chino o algo así, cuando hablan de cosas importantes, como si hablaran un idioma que luego hay que traducir al idioma de la realidad. No saben nada de sí mismas. Sólo hablan de sus deseos, y tratan desesperada e inconscientemente de esconder, de disimular.

La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren en verdad... Sí, un día llega la aceptación de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte. Pero entonces tampoco esto duele ya.

Krisztina me engañó, ¡Qué frase más estúpida!... Y me engañó precisamente contigo, ¡qué rebeldía más miserable!
Sí, es así, no me mires tan sorprendido: de verdad me da lástima.
Más tarde, cuando me enteré de muchas cosas y lo comprendí y lo acepté todo (porque el tiempo trajo a la isla de mi soledad algunos restos,algunas señales significativas de aquel naufragio), empecé a sentir piedad al mirar al pasado, y al veros a vosotros dos, rebeldes miserables, mi esposa y mi amigo, dos personas que se rebelaban contra mí, atemorizadas y con remordimientos, consumidas por la pasión, que habían sellado un pacto de vida o muerte contra mí.

Sándor Márai  - El último encuentro - fragmento
Pintura de Victor Safonkin - La secreta puerta mágica - óleo